Amadeo I de España


Amadeo I

Amadeo I de España

Uno de los reinados más cortos que podemos encontrar entre los países europeos probablemente sería el de Amadeo I. El reinado de `poco más de 2 años, 16 de noviembre de 1870-11 de febrero de 1873, fue suficiente para que Amadeo, ante todos los retos y problemas a los que se enfrentaba la política española, decidiera abdicar de sus funciones. Podemos entender meridianamente las causas por las cuales, el amargado rey, decidió irse por donde había venido, si analizamos su corto mandato.

Comienzo del reinado

Prim, Serrano y Topete subastan la Corona española, revista La Flaca (1869).

El comienzo de la oferta a Amadeo como regente de España nace después de la Revolución de 1868, que supuso el la caída de Isabel II como monarca. Con esta caída, también el movimiento que la mantenía como reina perdió el monopolio del poder, el Moderantismo.

El Moderantismo como motor de la política española antes de 1868, fue principalmente la unión de la clase alta burguesa con la aristocracia, para mantener la exclusividad del poder en manos de una gran oligarquía. Este movimiento contaba con el apoyo total de la Iglesia, que mantenía un férreo control de esas clases dominantes como venía haciendo desde hacía siglos. El Estado debía ser totalmente útil a los fines de la Iglesia, mientras que los grandes nombres de la aristocracia y los incipientes nuevos grandes burgueses del país, se repartían toda una serie de privilegios. El país seguía anclado en los años pasados, con grandes terratenientes en el Sur, mientras que en el Norte las tierras no eran suficientes para alimentar a sus explotadores.

“La Gloriosa” o Revolución de 1868, pretendía suprimir cualquier vinculo con la dinastía borbónica, pero sin dejar el modelo de monarquía parlamentaria, un reflejo de lo que todavía pasa en España en la actualidad. Otro de los objetivos del nuevo gobierno, era conseguir una inclinación hacia el laicismo, dejando de lado a la iglesia, algo que gustaba a las clases medias liberales, pero que en esos tiempos era prácticamente imposible de conseguir. La Revolución de 1868 no llegaba para cambiar nada de raíz, sino que era un instrumento de ciertos grupos de poder, para legitimar su causa.

Amadeo llegó a España con el apoyo de Juan Prim, para aquel entonces jefe del gobierno. El atentado que acabó con la vida de Prim, dejaba solo a un Amadeo que siempre había sido su primera opción como nuevo regente. La búsqueda de alguien para el cargo de regente, había llevado al gobierno de España, a una carrera diplomática con las grandes casas europeas, llegando a proponer el trono a  Fernando de Coburgo, padre del rey portugués. El único que terminó por aceptar este “honor”, fue Amadeo, que aceptó en segunda instancia.

Una aplastante mayoría en el parlamento, dio el trono a Amadeo el 16 de noviembre de 1870. No era suficiente con la aprobación del Parlamento español para proclamar rey a Amadeo, también las potencias europeas tuvieron que dar su visto bueno a esta decisión, eso refleja la situación precaria de España en el mapa político continental. Cualquier cambio en el equilibrio de poderes en las regencias de los países europeos, podía dar al traste con movimientos geopolíticos más complejos.

Abdicación

Página de La Gaceta de Madrid digitalizada en la que fue publicada la renuncia al trono de Amadeo I

Esta es la parte en la que vamos a conocer las angustias de un monarca. Una hombre como Amadeo que no sabía nada de la política española en aquella época, y que ni mucho menos se esperaba tal complejidad.

Los primeros días de mandato de Amadeo fueron un aviso para lo que le deparaba el futuro, que no era nada bueno. Tras la muerte de Prim, el gobierno de coalición se había fraccionado en diferentes grupos encontrados. La Unión Liberal casi en pleno, salvo Francisco Serrano y un pequeño sector, siguió la causa borbónica. Los progresistas se habían convertido en radicales, dirigidos por Ruiz Zorrilla, y los constitucionalistas, liderados por Sagasta. Las Cortes estaban en total confrontación, anuladas para cualquier reforma importante, que pudiera subir la popularidad del desconocido por su pueblo, Amadeo.

Los problemas en el ámbito parlamentario ya eran más que suficientes para que Amadeo se percatase de donde se había metido, pero no eran los únicos quebrantos que sufriría. El estallido de la Tercera Guerra Carlista, y el recrudecimiento de la Guerra en Cuba, eran escollos todavía más importantes que superar.

El monarca tenía grandes problemas para aprender el idioma, algo que lo alejaba todavía más de su pueblo, que no le confesaba demasiada estima. Mientras tenía que soportar desplantes que provenían de diferentes actores sociales, la Iglesia que entendía que Amadeo podía seguir el mandato laico que “La Gloriosa” había emprendido. La aristocracia que nunca quiso su presencia en España, tachando a Amadeo de foráneo. No olvidemos el atentado que sufrió en Madrid,  calle del Arenal, el 18 de julio de 1872, algo que quedó grabado en la mente del monarca, del cual salió ileso con mucha suerte y gracias a la impericia de sus atacantes.

Mensaje de renuncia

Amadeo renunció al trono con un mensaje que dirigió a la representación de la Nación:

“Al Congreso: Grande fue la honra que merecí a la Nación española eligiéndome para ocupar su Trono; honra tanto más por mí apreciada, cuanto que se me ofrecía rodeada de las dificultades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado. Alentado, sin embargo, por la resolución propia de mi raza, que antes busca que esquiva el peligro; decidido a inspirarme únicamente en el bien del país, y a colocarme por cima de todos los partidos; resuelto a cumplir religiosamente el juramento por mí prometido a las Cortes Constituyentes, y pronto a hacer todo linaje de sacrificios que dar a este valeroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y la grandeza a que su gloriosa historia y la virtud y constancia de sus hijos le dan derecho, creía que la corta experiencia de mi vida en el arte de mandar sería suplida por la lealtad de mi carácter y que hallaría poderosa ayuda para conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se ocultaban a mi vista en las simpatías de todos los españoles, amantes de su patria, deseosos ya de poner término a las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo desgarran sus entrañas. Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos largos años ha que ciño la Corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados, tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la Nación son españoles, todos invocan el dulce nombre de la Patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males. Lo he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien prometió observarla. Nadie achacará a flaqueza de ánimo mi resolución. No habría peligro que me moviera a desceñirme la Corona si creyera que la llevaba en mis sienes para bien de los españoles; ni causó mella en mi ánimo el que corrió la vida de mi augusta esposa, que en este solemne momento manifiesta, como yo, el vivo deseo de que en su día se indulte a los autores de aquel atentado. Pero tengo hoy la firmísima convicción de que serían estériles mis esfuerzos e irrealizables mis propósitos. Éstas son, señores diputados, las razones que me mueven a devolver a la Nación, y en su nombre a vosotros, la Corona que me ofreció el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores. Estad seguros de que al desprenderme de la Corona no me desprendo del amor a esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarle todo el bien que mi leal corazón para ella apetecía. Amadeo. Palacio de Madrid a 11 de febrero de 1873.”    
BOLAÑOS MEJÍAS, Carmen: El reinado de Amadeo de Saboya y la monarquía constitucional. Madrid, UNED, 1999, pp. 238-239.

 

Aportes interesantes

Novela de la serie final de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Fue escrito en el año 1910, en la que se hace referencia a la toma de posesión de Amadeo.

 

España : viaje durante el reinado de Don Amadeo I (1883) – De Amicis, Edmondo, 1846-1908

 

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