Independencia Argentina


Independencia Argentina

Para 1816 la situación en el Virreinato no mejoraba, después de la Revolución de 1810 (la cual había triunfado en Buenos Aires pero no en todo el virreinato), en el interior los españoles continuaban conservando su poder e influencias en varias provincias y representaban una clara amenaza para el proceso revolucionario. Los problemas económicos que siempre beneficiaban a Buenos Aires, y dejaban afuera al interior del país caldeaban los ánimos.
Por entonces, se vivía en Europa una ola de restauración monárquica. El regreso del Fernando VII al trono español gracias a la caída de Napoleón Bonaparte, iniciaron el proceso de “Restauración”. Fernando VII volvía decidido a recuperar las colonias americanas como sea. Los realistas habían triunfado en Huaqui, Vilcapugio y Ayohúma, y eran fuertes en el Alto Perú, actual Bolivia. Desde allí pensaban en invadir todo el territorio de Argentina.

La grave situación en el país hizo que los sucesivos gobiernos patrios intentaran acuerdos diplomáticos con Europa para negociar, comprar armamentos y conseguir apoyo diplomático. Belgrano y Rivadavia partieron hacia Londres y Madrid a fines de 1814, sin embargo, los dos criollos comprobaron que no había negociación posible.

El 15 de abril de 1815, una revolución terminó con el gobierno unitario de Carlos María de Alvear. Los revolucionarios exigieron la convocatoria de un Congreso General Constituyente. El Congreso de Tucumán comenzó a sesionar el 24 de marzo de 1816 con 33 diputados.

¿Por qué Tucumán?


Se había elegido esta provincia como sede del Congreso porque estaba ubicada en el centro del virreinato y las otras provincias se negaban a que Buenos Aires fuera otra vez la única protagonista de un hecho que las afectaba a todas. El 24 de marzo de 1816 comenzaron las sesiones del Congreso bajo la presidencia del doctor Pedro Medrano. El Congreso sesionó en la casa de doña Francisca Bazán de Laguna, la mejor productora de empanadas de todo el Tucumán, se había construido a fines del siglo XVIII y era una típica casa colonial, muy humilde.

En la sesión secreta del 6 de julio de 1816, Belgrano, que acababa de llegar de Europa tras su fallida misión, propuso que en vez de buscar una nueva monarquía europea o volver a estar bajo la autoridad española, se estableciera una monarquía moderada, encabezada por un príncipe inca. Belgrano recibió el apoyo de San Martín y de Güemes. La idea también entusiasmó a los diputados altoperuanos, que propusieron un reino con capital en Cuzco. El diputado por Buenos Aires, Tomás de Anchorena, dijo que no aceptaría a “un monarca de la casta de los chocolates, a un rey en ojotas”. Pueyrredón regresó a Tucumán, apuró a los diputados para que declarasen, de una vez por todas, la independencia y viajó a Buenos Aires.

El martes 9 de julio de 1816, a eso de las dos de la tarde los diputados del Congreso comenzaron a sesionar. A pedido del diputado por Jujuy, Sánchez de Bustamante, se trató el “proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país”. Bajo la presidencia del sanjuanino Narciso Laprida,el secretario Juan José Paso preguntó a los congresales “si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre de los reyes de España y su metrópoli”. Todos los diputados aprobaron por aclamación la propuesta de Paso. En medio de los festejos de alegría, fueron firmando el Acta de Independencia, que declaraba “Solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas provincias romper los vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas e investirse del alto carácter de nación independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”.

Silvia Vitellozzi

 

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