La confusión de Moctezuma


La confusión de Moctezuma

“Quiero hablar del descubrimiento que el yo hace del otro. Uno puede descubrir a los otros en uno mismo, darse cuenta que no somos una sustancia homogénea, y radicalmente extraña a todo lo que no es uno mismo: yo es otro. Pero los otros también son yos, sujetos como yo, que solo mi punto de vista, para el cual todos están allí y yo solo estoy aquí, separa y distingue verdaderamente de mi”.

Tzvetan Todorov

Relacionarse con “el otro” implica tener un sistema de comunicación lo suficientemente accesible, donde entra en juego un método maravilloso de descubrimiento moral, espiritual y lingüístico del otro ser, sin embargo puede no darse de manera exacta y generar un problema, sobre todo cuando la incomunicación conduce al genocidio.

Moctezuma II o Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520) su nombre significa flechador del cielo, fue gobernante de los Mexicas, una civilización Mesoamericana desde 1503 hasta 1520. Éste extenso imperio, llamado comúnmente Imperio Azteca, abarcaba desde el límite meridional del actual Michoacán hasta más allá del istmo de Tehuantepec, cuya capital era Tenochtitlán. Los mexicas fueron una civilización que se caracterizó por demostrar un importante avance para aquellos tiempos: explotación de cultivos, confección de vestimentas, desarrollo metalúrgico con bronce, oro y plata, sistema métrico y de escritura propios, usaban calendarios astronómicos, entre otras cosas.

Su personalidad

El carácter de Moctezuma era contradictorio y ambiguo. Se cuenta que él no deseaba ser elegido tlatoani (gobernante, el que habla, orador). Cuando su tío muere lo debe suceder en el trono y al ser elegido fueron a buscarlo, lo encontraron limpiando las hojas de un templo. Luego, al tomar el cargo creó un protocolo para evitar tener contacto con la gente, con la cual se mostraba orgulloso y arrogante. Fue un hombre muy supersticioso, creía seriamente en los dioses y podía llegar a poner ese mismo énfasis en la parte militar, podía ser el hombre más justo y piadoso, como valiente y educado. Pero tenía su lado oscuro, se había convertido en un ser egoísta y engreído, con constantes miedos al fracaso y dudas a su propia capacidad de gobernar. Era un ser sumamente elitista, creía que las cualidades y los defectos de las personas dependían de la posición social de estos. Ese lado supersticioso que demostraba que solo le interesaba aplicar en lo personal el discurso del dios Huitzilopochtli “Solo los más fuertes adquirirán el título de señores, reyes de cuanto hay por doquier en el mundo”, lo convertía en un semi dios, o él quizá, se exigía ser así. A través del autoritarismo y el miedo se impuso en todo su territorio, con exitosas campañas militares, el dominio de los pueblos sujetos a tributo, extendió las rutas comerciales hasta Panamá, pero este proceso fue interrumpido por la llegada de los españoles.

En marzo 1519, Hernán Cortés, conquistador español, llegó a las costas de Yucatán, México. Allí se encontró con antiguos soldados españoles, uno de ellos se hablaba perfecto el idioma náhuatl, también conoció a lo pobladores naturales de la zona, los Totonacas, estos se aliaron a Cortés  a cambio de la libertad del pueblo, una vez acabada la supremacía del Imperio Azteca, supuestamente. los primeros rumores sobre un tal Moctezuma, emperador del Imperio Azteca. Envió regalos de bienvenida, pero Cortés insistía en querer ver al emperador, pero Moctezuma se negaba. Entonces el conquistador comienza su marcha a su encuentro con 13.000 guerreros totonacas, 400 soldados españoles con armas de fuego y 15 caballos. La llegada de los españoles a la capital azteca, Tenochtitlan, fue pacífica. Los aborígenes los recibieron pensando que podían ser enviados de los dioses.

Cortés se dirige a Moctezuma, le obsequia un collar de vidrios y trata de abrazarlo, pero sus súbditos se lo impiden. Después de intercambios amistosos, los españoles son aposentados en el palacio de Axayácatl, en donde se da un diálogo entre Moctezuma y Cortés. El tlatoani menciona que en sus escritos se habla de que vendrán por el oriente descendientes de un gran señor a sojuzgar estas tierras. Y agrega, en palabras que nos refiere Cortés:

“No creáis más de lo que por vuestros ojos vieres, en especial de aquellos que son mis enemigos, y algunos de ellos eran mis vasallos, y hánseme rebelado con vuestra venida […] los cuales sé que también os han dicho que yo tenía las casas con las paredes de oro, y que las esteras de mis estrados y otras cosas de mi servicio eran asimismo de oro, y que yo era y me hacía dios, y otras muchas cosas. Las casas ya las veis que son de piedra y cal y tierra”. Y entonces alzó las vestiduras y me mostró el cuerpo, diciendo a mí: “Veis aquí que soy de carne y hueso como vos y como cada uno, y que soy mortal y palpable”.

¿Por qué este gran emperador tuvo una actitud tan pasiva hacia los desconocidos?

Quizá fue la actitud ambigua y vacilante de Moctezuma ante la noticia de la llegada de españoles en las costas mexicanas, la confusión que generó creer que Cortés podía ser la reencarnación de Quetzalcóatl, como cuenta la leyenda. Y ese semidiós que se supone era Moctezuma se resiste a utilizar su inmenso poder, ante sus enemigos, como si no estuviera convencido de querer o poder vencer. Cuando fue apresado, no opuso resistencia y prefirió el no derramamiento de sangre. Después de su muerte, la resistencia azteca se organiza, pero Cortés aprovecha muy hábilmente las divisiones internas de las tribus indias que pueblan el territorio mexicano, los aztecas son ya a su vez colonizadores, odiados por otras tribus, y esto es muy prudente para Cortés, sus unidades están compuestas a menudo por cuatro jinetes españoles y diez mil combatientes indios a pie.

“Siendo así que los indios están en su tierra y los españoles sumergidos en un país extraño, son éstos los que conocen bien el estado de sus adversarios, mientras que aquéllos lo ignoran. Si los indios hubieran sabido, que pocos éramos en aquel momento, y qué débiles y agotados estábamos…; pero no lo supieron. Todas las acciones de los españoles toman a los indios por sorpresa, como si fueran estos últimos los que llevaran a cabo una guerra regular y los españoles los hostigaran en un movimiento de guerrilla…” relata Bernal Díaz (conquistador español que participó junto a Cortés en la conquista).

Silvia Vitellozzi

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